Vivir
es decidirse. La toma de decisiones es una tarea implícita en la
vida del ser humano desde sus orígenes. En todos los tiempos y
culturas el ser humano ha tenido que hacer elecciones sobre
diferentes aspectos de su vida cotidiana. En nuestro día a día la
toma de decisiones es una tarea que debemos asumir. No hacerlo puede
traer repercusiones importantes puesto que la toma de una u otra
decisión deja de ser el problema para serlo el hecho de no haberla
tomado.
“¿Y
si no decido yo?” Algunas veces puedes tener suerte y que las cosas
se “resuelvan solas”, pero, lamentablemente, el tiempo no lo pone
todo en su sitio tal y como muchos creen. A veces, o lo pones tú o
queda descolocado. No tomar decisiones a corto plazo alivia la
incertidumbre de la duda, por lo que a corto plazo el problema parece
estar resulto, sin embargo a largo plazo puedes tener repercusiones
importantes como:
- Bajos
niveles de autoestima.
- Inhibición
social.
- Baja
tolerancia a la frustración.
- Sensación
de falta de control sobre tu propia vida.
- Interferencias
a nivel social y laboral.
- Repercusiones
mayores por no resolver el problema.

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