Es
cierto que decir que sí y hacer lo que los otros desean puede
suponerte beneficios a corto plazo. Las personas que no establecen
sus límites suelen parecer bastante complacientes de cara a los
demás, y su trato es agradable. Sin embargo, el coste para ellos es
muy alto, ya que a largo plazo sufren las consecuencias
de no saber decir que no,
que son:
- Sentimiento
de inferioridad y baja
autoestima.
- Problemas
interpersonales por no dejar claro lo que realmente quieren. Esto
confunde a las personas de su entorno, que desconocen sus auténticos
sentimientos y deseos, y no saben bien qué es lo que deben hacer.
- Malestar
emocional: es frecuente que experimenten elevados niveles
de ansiedad,
tristeza e irritabilidad.
- Sentimiento
de soledad emocional: sienten que nadie les entiende.
- Explosiones
de ira:
pueden “estallar” por algo que realmente no es un problema
debido a la acumulación previa del malestar que no han llegado a
expresar.
- Sentimiento
de insatisfacción, puesto que piensan que nunca se hace lo que
ellos quieren.
- Autoreproches
y sentimiento
de culpa por
no ser capaces de expresar sus deseos.
- Los
demás abusan de ellos: la gente recurre a ellos en exceso porque
“les acostumbran” a saber que siempre estarán ahí.

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